Lo que ocurre es que como solemos vivir de espaldas a las emociones, cuando nos damos cuenta de ellas es porque nos han desbordado.
- Reconoce lo que sientes sin censura: Debes permitirte sentir, independientemente de lo que estés experimentando: amor, alegría, miedo, tristeza, envidia… No te juzgues, eres humana, para trascender tus emociones primero has de vivírlas.
- Estate atenta a todas las señales emocionales: Piensa que nuestro incosciente nos habla a través de simbolos y de nuestro cuerpo. De hecho, la mayor parte de los dolores físicos tienen una causa emocional.
- Ve al origen: ¿Qué a pasado para que te sientas de pronto ansiosa, triste o enfadada? Haz memoria y regresa mentalmente a la situación que ha desencadenado tu emoción.
- Saca físicamente tu malestar: Haz deporte, sal a caminar, baila o, simplemente da zapatazos o pégale a un cojín. Lo importante es que no te quedes con la ira, la rabia o la pena dentro; a la larga pasa factura en forma de enfermedad.
- Expresa al otro lo que sientes en el momento: Deja de ser complaciente y atrévete a decirle al otro lo que te molesta en el momento que sucede. No dejes pasar el tiempo, porque corres peligro de que la situación se enquiste y la relación se desgaste o incluso de rompa. Hazlo, eso sí, de forma natural, evitando lo posible las malas formas, las acusaciones y los reproches.